La mala fama del psicoanálisis. Cuestionando prejuicios

Cuando Freud desarrolló el método terapéutico del psicoanálisis, comenzó a compartirlo con colegas. Supongo que nunca imaginó la envergadura que el mismo iba a alcanzar, al punto de ser punto de partida de diversas modalidades terapéuticas.

En nuestro país, hubo una época en la cual el psicoanálisis era casi la única alternativa terapéutica Psi posible. Dirigida a un público reducido, en tratamientos costosos y de alta frecuencia.

Con el paso de los años, se abrió a los hospitales y cambió la modalidad técnica, ya que no era posible en el hospital atender a un paciente 3-4 veces por semana. Se comenzó a trabajar una vez por semana  y se adaptó la técnica a las necesidades hospitalarias. Esto a su vez posibilitó nuevos desarrollos y articulaciones conceptuales.

Después surgieron otras alternativas psicoterapéuticas. La terapia sistémica, la terapia cognitivo- conductual y de la mano de las neurociencias, nuevos modos de abordar la psique humana.

Diferentes líneas teóricas, diferentes modos de abordar la problemática del ser humano. Dentro de la psicología misma, comenzó la polémica, sobre cuál era el mejor abordaje para ayudar al sujeto con sus padecimientos.

Pienso que si hay tantas modalidades terapéuticas, es porque ninguna termina de dar cuenta acabada de la problemática y las necesidades del ser humano. Los cambios sociales, culturales y epocales también influyen al momento de elegir alguna alternativa terapéutica. En épocas de deconstrucción de los instituidos y de diversidad, decir que sólo una modalidad terapéutica es la adecuada, es ir en contra de las nuevas modalidades de pensamiento vigentes hoy en día.

El mismo método terapéutico, no ayuda a todas las personas e incluso, la misma persona, en diferentes momentos de su vida y en diversas circunstancias, puede necesitar distintas alternativas terapéuticas para enfrentar y transformar lo que le sucede. 

Quedar preso de un solo modelo terapéutico, atenta contra la complejidad del ser humano.

Está comprobado que la eficacia terapéutica, no depende de la orientación teórica que tenga el profesional, sino que la potencia que cura está en el vínculo que se establece entre el paciente y el terapeuta. 

Al avance de la diversidad de terapias psi (coaching, counselor, otras) se suman las experiencias de trabajo espiritual y los tratamientos de medicinas alternativas. Se multiplican los modos de resolver problemas emocionales del ser humano.

Aparecen nuevas formas de intervención y otra vez la polémica con el psicoanálisis. 

¿Por qué será que se necesita polemizar siempre con el psicoanálisis? 

¿Por qué decir que las nuevas alternativas son mejores que el psicoanálisis y no definir su eficacia por sí mismas? 

¿Será por la hegemonía que tuvo el psicoanálisis durante muchos años?

¿Será porque es tan efectivo el método en  algunas circunstancias que es difícil desestimarlo? 

¿Será porque todas toman parte de los descubrimientos Freudianos para armar sus propias teorizaciones? 

Sea por lo que fuere, la costumbre es decir: Esta es mejor que el  psicoanálisis. Y así comienza la mala fama del psicoanálisis.

Incluso la mala fama, alude a un modo de analizar de los años 90 en Argentina, muy diferente a la intervención de los analistas en el día de hoy!

El psicoanálisis  fue cambiando y aggiornandose. Freud reescribió su teorización varias veces a lo largo de su vida. Con cada nuevo descubrimiento, iba modificando el marco teórico y la técnica. 

Es inherente al método psicoanalítico cuestionarse, reflexionar, transformarse. No porque sea demodé, sino porque los tiempos de cambio así lo exigen. Es esta capacidad de actualización permanente que tiene el psicoanálisis, lo que hoy le permite seguir teniendo vigencia.

No hay que confundir el psicoanálisis con los psicoanalistas, que a veces se adhieren a su disciplina de forma cuasi religiosa. Pero esto también sucede en las diferentes modalidades terapéuticas.

Si Freud viviera en esta época, estaría feliz con los descubrimientos de las neurociencias. Él era neurólogo y  su sueño era encontrar la  localización anatómica de las emociones en el cerebro. De hecho, uno de sus primeros textos fue un Proyecto de Psicología para Neurólogos, donde describe el funcionamiento mental, con un modelo neuronal. En esa época él no tenía las herramientas para demostrar sus intuiciones. Hablar de la polaridad entre neurociencias y psicoanálisis desde esta perspectiva carece de sentido.

Ya que uno de los artículos principales del modo de funcionar de la mente de Freud, tiene una base neuronal!!!!

Cambió la vida, cambió la forma de ver el mundo, cambiaron las épocas. Cambió el modo terapéutico también. Freud fue producto de una época, la Victoriana, por eso toda su teoría de la represión y la sexualidad. Si el psicoanálisis sigue siendo vigente a lo largo de dos siglos es porque  no desconoce los cambios epocales y la necesidad de ir repensandose con el paso de los años y los cambios que acompañan a la sociedad y a la subjetividad.

Los que hablan mal del psicoanálisis, por ahí no están enterados de cómo piensan los psicoanalistas hoy o por lo menos algunos de ellos.

El acento no está en la historia ni en el porque.

Está en el cómo y el para qué. Está en el modo de ver el mundo de esa persona y como desde una nueva perspectiva puede ubicarse en la escena que padece y obtener una visión y una experiencia diferente de la misma.

El siglo XXI nos impone cambios: nuevas modalidades familiares, nuevas formas de la sexualidad, el avance de las tecnologías, entre otros. Si los terapeutas no aggiornan su forma de pensar, se pueden ver patologías donde no las hay.

No se trata de adaptar el paciente a la clínica, sino escuchar que  sucede ahí y ver desde nuestro bagaje conceptual cómo intervenir.

Como los pacientes no vienen todos iguales, nuestras intervenciones no pueden ser todas iguales. Esto implica registrar al consultante, sintonizar e intervenir de forma sencilla y permeable para que el paciente pueda escuchar y hacer algún cambio con la intervención del analista. 

En estos tiempos de cambios subjetivos intensos, cómo intervenir en cada situación es el desafío de todas las líneas terapéuticas.

El desafío clínico de los analistas, siempre fue escuchar abiertamente, sin prejuicios. Ese siempre fue el trabajo del analista y lo sigue siendo hoy.

Invito a pacientes y terapeutas, a dejar de prejuzgar acerca del psicoanálisis y poder escuchar, las posibilidades de la terapia psicoanalítica hoy.

Estamos en una época donde los prejuicios, cada vez tienen menos lugar en la forma de pensar de las personas. No hay referentes estrictos, tampoco hay certezas. Propongo pensar la terapia psicoanalítica desde esta perspectiva.

Lic. Marisa Ludmer

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