¿Cómo pensamos el espacio de una supervisión?

¿Para qué sirve una supervisión? 

La supervisión es un espacio para el trabajo sobre el material. Nos parece un ámbito importante y necesario a lo largo de toda la carrera profesional y en los inicios aún más. Pensamos la supervisión como una práctica de apertura, como un espacio imprescindible para la formación del profesional.

El espacio de supervisión, puede ser solicitado por el analista por alguna situación puntual o ser un espacio de trabajo periódico establecido. Estas modalidades implican diferentes tipos de trabajos clínicos. 

En el primer caso, uno puede solicitarlo por una duda, urgencia, pregunta, u  obstáculo concreto que suscita la clínica. En el segundo, la existencia del espacio habilita el surgimiento de la pregunta. Puede suceder que uno no tenga dudas con respecto a un material y por el hecho de ponerse a pensar en él, allí surgen. A veces no aparecen preguntas hasta el momento en que uno se pone a charlar sobre el caso. Hablar hace surgir la pregunta, los puntos de detención en la sesión y en general, aclara las líneas por las cuales circula el tratamiento.

No es necesario tener alguna dificultad con el material para supervisar. Uno puede hacerlo con la intención de ir viendo que va sucediendo en ese tratamiento.

La supervisión es un ámbito para hablar de eso que uno está haciendo, escuchando en un tratamiento o en una consulta. Es a partir de la supervisión que se abren espacios de trabajo, de dirección para el análisis. 

Es parecido a lo que sucede con el discurso del paciente en el análisis, por el hecho de ir hablando, va escuchando cuestiones, que de otra manera, no lo haría. 

En el espacio de supervisión se pueden localizar escenas y circunstancias transferenciales,  inicios de acting out,  y varias situaciones clínicas que el analista, por estar metido en la sesión, a veces no puede ver.

 

La supervisión: ¿es una cuestión de experiencia?

La supervisión es un espacio de formación, tanto en lo relacionado con la escucha del material, como en la posición de uno como analista. Un analista, se forma con estudio, clínica, análisis y supervisión. Y nuestra idea es que en la supervisión uno se va constituyendo como analista, encontrando en esa conversación el estilo propio. 

El espacio de las supervisiones, es esencialmente un espacio de aprendizaje. A través de la mirada compartida sobre el caso. El psicólogo encuentra su propio lugar ahí, como analista. Desde el comienzo de las entrevistas, el paciente le adjudica roles al terapeuta, cuanto mayor conciencia tengamos de las expectativas del paciente y los roles que nos adjudica, mejor podremos trabajar las situaciones clínicas necesarias para el establecimiento del tratamiento. Saber donde estamos ubicados, nos permite intervenir más allá de las expectativas. Lo que sirve para un material, puede servir para otros y sirve para formarse uno como profesional.

La supervisión de los inicios de los tratamientos, nos parece  necesaria a fin de poder evaluar el tipo de consulta y que movimientos son necesarios para ayudar a la instalación del tratamiento. 

La transferencia convoca al analista  a diversos lugares, es común que al analista le resulte complicado no identificarse con ellos o correrse de la serie en la cual el paciente lo quiere poner. El espacio de supervisión permite que el analista no sea parte de la serie y se ubique en el lugar que le corresponde como analista.

Freud lo propuso como uno de los 3 pilares de la tarea del psicoanalista. Pilar significa base, sostén. 

Pilar, base, sostén, también pueden ser sinónimos de pierna, lo que permite a un analista, caminar, asentarse, establecerse.

Es un espacio de sostén del profesional. Uno muchas veces esta muy solo en la clínica, por eso los psicoanalistas hacen tantas reuniones, comparten casos, etc. 

En general, en las supervisiones, uno recupera un lugar de analista, 

En 1910, en nuevas perspectivas de la terapia psicoanalítica, Freud, considera por primera vez las reacciones inconscientes del psicoanalista frente a la persona del psicoanalizado y especialmente  frente a su transferencia y las denomina, contratransferencia. El eje, transferencia- contratransferencia, es central en nuestra práctica y  el cuidado en el manejo de la transferencia, suele ser ricamente recompensado.

En la sesión, trabajamos en varios ejes y niveles simultáneamente, imposibles de escuchar todos en la sesión. Aunque tampoco se puedan escuchar todos en la supervisión, luego de la misma, se abren posibilidades para poder escuchar y accionar en la clínica, diferentes de las que venían surgiendo hasta ese momento.

El espacio de supervisión, ayuda a mantener la regla de abstinencia y despojarnos de  intenciones, con el paciente.

En general se supervisa sobre cuál es la problemática del paciente y cómo intervenir, cuestiones de la dinámica, lo que sucede en las sesiones, cuando pasa algo en el tratamiento o cuando no pasa nada en el tratamiento. Se piensa acerca de la posición subjetiva del paciente,  la posición subjetiva del analista, los intereses del analista acerca del paciente. Cuando el análisis se halla en un impasse, cuando el analista se identifica con el paciente. 

La supervisión es un espacio para pensar, a nivel estrategia, a revisar y evaluar la más adecuada. El analista se conmueve, se enreda, quiere pensar más, no sabe cómo intervenir y necesita evaluar la estrategia más adecuada. 

A nivel transferencial, en qué lugar estamos situados para el paciente y para nosotros mismos.

 A nivel dinámica de la sesión, que se está jugando en esos encuentros.

Cotidianamente es difícil detenerse en estas cuestiones. Es un trabajo agregado a atender en el consultorio. Es el trabajo por fuera del encuentro con el paciente, en el cual uno piensa acerca de eso que estuvo ocurriendo en la sesión. Si bien uno está en posición de atención flotante, no está en una posición de observación en la sesión. Uno participa de la sesión.

La supervisión, es una instancia para poder observar el paciente y poder auto observarse a uno como analista. Y poder observar el proceso terapéutico.

En la supervisión uno escucha el relato de la sesión, y por ende no se escucha lo mismo que en la sesión. 

El análisis es un proceso de subjetivación. Nuestra tarea es fundamental en este sentido y la responsabilidad de conducir ese proceso, no es poca. Nuestra tarea como analistas es compleja.

Nosotros trabajamos con la subjetividad. La supervisión está al servicio del rescate de la singularidad, tanto del paciente como del analista. Consideramos que es una instancia necesaria para separar subjetividades. Si bien, tener mayor experiencia clínica y análisis personal permite conocer mejor la subjetividad propia, ningún analista es inmune a la interferencia de la subjetividad propia y de los puntos ciegos en la clínica. Ninguno por más experiencia que tenga, está exento de ello.

En la supervisión se trata de que otra mirada ayude a localizar un nuevo elemento que le permita al analista una mirada en perspectiva, diferente a la que tiene el paciente y así poder ayudar al paciente a moverse de esa situación. El arte del psicoanalista, consiste en descubrir las resistencias e impulsar al paciente a abandonarlas, promoviendo el recuerdo y la elaboración y manteniendo la neutralidad analítica. Es necesaria la interacción entre teoría y  técnica para llevar a cabo nuestro trabajo.

El espacio de supervisión permite trazar las líneas por las cuales circulará el tratamiento e ir observando si se producen avances, retrocesos  o interrupciones. En la supervisión  se abren preguntas, se responden preguntas, se evacuan dudas, se implementan estrategias, para hacer un seguimiento profundo del caso. Se trata de otra mirada que ayude a localizar un nuevo elemento que le permita al analista una mirada en perspectiva y así poder ayudar al paciente a moverse de la situación que lo aqueja.

El arte del psicoanalista, consiste en descubrir las resistencias en juego en el tratamiento e impulsar al paciente a abandonarlas, promoviendo el recuerdo y la elaboración y manteniendo la neutralidad analítica. Es necesaria la interacción entre teoría y técnica para llevar a cabo nuestro trabajo.

 

Distintos modos de supervisar

Hay muchas maneras de llevar a cabo una supervisión.

Cada una de estas modalidades, permite escuchar de forma diferente el material.

En AP, trabajamos con espacios de diferentes modalidades de supervisión, pues consideramos que todas enriquecen la clínica y permiten articular visiones diferentes.

Se puede supervisar en forma individual o grupal o compartir entre dos colegas el horario. No hay una modalidad preestablecida y todas resultan interesantes a la hora de pensar la clínica. La riqueza de la supervisión individual radica en el marco de intimidad que esta brinda y permite hablar de este trabajo tan íntimo que uno realiza en el consultorio, incluso de cuestiones personales del analista que se mezclan con el material del paciente y que en el ámbito grupal resultan más difíciles de expresar.

La riqueza de la supervisión grupal, radica en el intercambio con colegas y en la posibilidad de obtener en simultáneo, distintas visiones sobre el material. Permite ampliar los recursos técnicos , clínicos y estratégicos. En la supervisión grupal se enriquece el que lleva el material y los restantes participantes del grupo, ya que en muchas ocasiones, escuchar material de otros colegas, permite asociaciones con materiales propios y si uno todavía no tuvo práctica clínica se va anoticiando de distintas situaciones clínicas, que podrían sucederle en alguna ocasión.

El campo clínico, se ensancha desde la colaboración del paciente y desde la experiencia y seriedad en la escucha del analista. La supervisión forma parte de los caminos para desarrollar y enriquecer un tratamiento.

Lic. Ivana Dzialoszycki

Lic. Marisa Ludmer.

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